Empezamos la odisea el viernes partiendo de Conil sobre las
6 de la tarde. Chemy, Iván, Tomás, mi tio José y yo. Equipo al completo y la
ilusión a tope. Bicis montadas en la furgo y todo planeado xa llegar, ver el
ambiente, tomarnos una cervecita, cenar en la “Cena de la pasta” y a dormir.
Llegamos a casa de mis amigos Rosi y Pablo (desde aquí
agradecerles su hospitalidad) sobre las 23:30. Preparamos un poco el tinglao y
a dormir lo que se pudiera pues sabíamos
que al día siguiente nos esperaba un día duro. Nos equivocamos, xq lo que nos
encontramos se acercaba más al puto INFIERNO q a un día duro.
Llegamos a Ronda bien de tiempo, lo justo para no pasar
mucho calor esperando en el campo de fútbol. Intentamos coger sitio avanzando
lo máximo posible pues la cantidad de gente era impresionante y sabíamos que
una buena colocación en la salida nos ahorraría mucho tiempo (aun así la única
manera de hacer tiempo en este tipo de carreras con tanta multitud es salir
bajo el arco, xq sino es imposible avanzar con los embudos que se hacen)Primer pistoletazo de salida y recorrido neutralizado
por las calles de Ronda hasta una rotonda de las afueras donde realmente se dio
la salida oficial a las 10:30 de la mañana.
Pumm!!! Salida! Bellos en punta y allá vamos! Lo mismo que
todos los años, unas 3.500 bicis intentando avanzar todas juntas, fatigas
queriendo adelantar y caídas a ambos lados de la calzada y de repente lo que ninguno queríamos oir ni ver, tiraron a mi tio
José Ramos al suelo, dándose en el codo, y jodiendolo xo bien(finalmente tiene
fisura en la cabeza del radio) y decidiendo a los pocos kms de la salida que se
retiraba. El bajón fue tremendo, se me quitaron las ganas de correr, pues xa mi
la carrera acaba de perder el sentido x el que fui, que era superar el tiempo
del año anterior con él, pues fue quien tiró de mí y este año quería
agradecérselo batiendo esa marca juntos. Después de varios “seguid vosotros” decidí seguir adelante y afrontar el reto en
solitario. Aquí empezó la verdadera
odisea…
En el camino había tantas bicis, tanta gente, que aunque
quisieras apretar era imposible avanzar, 1:45 horas para 20 km!!! Había momentos en los que me agobié y
mucho. Así que me tranquilice lo que
pude, y en cuanto podía iba escalando posiciones. El tramo a bici se me hizo
realmente corto, aunque fueron unas 5 horas y media llegué a la T1 con bastante
energía. Estaba indeciso si comer o no en el cuartel o tirar a correr con las
barritas que llevaba, y menos mal que decidí comerme esa hamburguesa y ese
arroz xq sino las 3 horas xa la media maratón de montaña no creo que la hubiera
terminado.
Al principio con la cuesta de la Ermita me acordé un poco de tanta
comida xo luego lo agradecí enormemente jeje. A mitad del tramo a pie fue
cuando empecé a ver la peor cara de esta carrera. Gente bajo los árboles
intentado buscar un poco de sombra, otros tirados prácticamente sin poder
moverse e incluso otros vomitando. Los golpes de calor eran numerosos Este año el sol era de justicia (unos 40 grados)
En cada avituallamiento me echaba agua como si de una ducha se tratase. La
hidratación era indispensable, gracias que llevaba tb unas “mezclas mágicas”, cortesía
del coach Cagigas, que me ayudaron mucho en la hidratación durante la carrera.
Intente correr lo más rápido posible xa quitarme este tramo del medio, xo era
imposible. El desnivel hacia casi impracticable la carrera así que a marcha
rápida fue la solución y aprovechar xa correr en las bajadas. Termine el tramo
a pie cansado, con los pies un poco cocidos por el agua y la calor, xo más motivado que nunca pues la llamada a mi
madre y a mi niña fueron las que me
dieron la energía xa terminar entero.
De vuelta al cuartel xa realizar la T2 decidí llevarme la
mochila de transición (el año pasado tuvimos problemas a la hora de recogerlas
y este año no había ganas de esperar mucho, el único problema era que
hablábamos de unos kilos a las espaldas, xo ya después de lo pasado q era eso??
) Montarme otra vez en la bici fue algo un poco duro, mi culo todavía se
acordaba de los 80 kms q ya llevaba, xo rápidamente volví a coger el ritmo y a
pedalear con ganas. Sabía que sólo me quedaban 5 kms para tomarme esa birrita
fresquita que tanto repone, así que enfile la famosa cuesta del cachondeo (a la
que se la tenía jurada desde el año pasado que tuve que bajarme dos veces)que se la quería dedicar a mi tío (que tanto le
gusta subir) así que eso me propuse y eso hice, hasta arriba, sin parar, entre
mi motivación y la de los demás corredores que me veían subir y me animaban a
que no desistiera, lo conseguí! Y cuál fue mi sorpresa al terminar la subida q
allí estaba mi tío esperando! Buaffff sensaciones inexplicables, las lágrimas
en los ojos, las piernas a reventar y saber que ya quedaba lo mejor…
La recompensa de tan duro esfuerzo sabe Ronda muy bien
demostrarla. Calle abarrotada de gente gritando y animando, entrada triunfal
desde el primero hasta el último, aquí todos somos campeones y te lo hacen
saber con cada grito, con cada aplauso. Ver el arco de meta, ver que lo has
conseguido, q has llegado, q eres FINISHER, eres un CIENTOUNERO.
La conclusión q saco de esta “odisea”
es q me encanta, me encanta las pruebas largas donde te demuestras de la pasta
q estas hecho, no solo físicamente, sino mentalmente, donde la competición no
es por llegar el primero sino simplemente llegar…
PD: La próxima vez que vaya será xa correrla a pie, escrito
queda. Aupa!!!!!


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